
Esta no será la última vez que nos veamos, dijiste.
Y el tiempo (demasiado) pasó entre nosotros.
Tu promesa se agarró tercamente a mi corazón y no me deja arrancarla, aún hoy.
Allí está hundida, esperando salir,
ya sea porque tú vuelvas a sacarla,
ya sea porque mi tiempo en la tierra se termine.
Las promesas incumplidas. Ojalá un día nos diéramos cuenta del daño que nos hacemos esperando lo que nunca va a suceder. Pero... la duda siempre queda.
ResponderEliminarHe visto escritos en otras partes que aun no publicas en el blog. No se deje coger la tarde con ellos señora.
Un abrazo.