Prefiero una mirada directa, profunda y sincera, de esas que leen el alma y acarician suavemente,
a un iris de color perfecto, con unas perfectas pestañas
y una perfecta mirada lejana.
Prefiero una voz que sepa decirme las palabras justas
con el tono que cure mis heridas,
al perfecto tono y perfecto volumen de una voz
que sólo dice lo que quiere oir cuando quiere hablar.
Prefiero un cuerpo que me de calor, me ampare y me abrigue
cuando sienta morir y necesite cobijo,
al perfecto cuerpo, con perfectos músculos,
que sólo sabe mirar su propio perfil.
Prefiero unas manos tibias, generosas de cariño
esas que no miden lo que dan y que siempre están prontas,
a las perfectas manos lisas, delicadas y suaves
con las uñas limadas y que sólo se usan para sí mismas.
Prefiero, en fin, un hombre que se me dé por completo
en cuerpo y alma sin que el resto del mundo exista,
a un modelo de revista que sólo vea su imagen
cuando se mira en el espejo.
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